Valórate como te mereces y no tengas miedo al cambio.

¡¡Bienvenida o Bienvenido a mi Blog!!

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Hace un par de semanas recibí, por WhatsApp, la siguiente consulta de un amigo:

“Gustavo ¿tienes escrito algún artículo en tu Blog sobre cómo superar el miedo a cambiar de empresa? Es que llevo varias noches sin dormir porque tengo una oferta muy buena y me da miedo dejar mi empresa”

Tras algún que otro intercambio de comentarios, decidimos que era mejor hablar por teléfono y así lo hicimos, hasta que concluimos, como no podía ser de otra manera, que el miedo es un muy mal compañero para cualquier toma de decisiones y mucho peor aún para disfrutar de una vida completa, dura, porque así es la vida, pero completa.

Hoy y me alegro mucho por él, me ha confirmado que ha tomado la decisión de aceptar la oferta que recibió y que en breve, se incorporará a un proyecto que tiene una pinta de futuro fantástica y lo que es mejor, se aleja de otro en el que ha invertido toda su vida de manera ejemplar pero que, aún y así, no han sabido valorar el potencial profesional de la persona que tenían en su plantilla.

Todos estos acontecimientos me han llevado, de nuevo, a reflexionar sobre el enorme peligro que supone para nuestra vida vivir con miedo y digo de nuevo, porque es algo que hago con cierta frecuencia, ya que, como me imagino sabrás, debemos mantener un continuo tira y afloja con nuestras emociones, o mejor dicho, con los desequilibrios que las circunstancias de la vida provoca en nuestras emociones, por ejemplo:

  • Cambiar de empleo o de empresa cuando sientes que no eres valorado.
  • No denunciar a un mal Jefe por temor a perder el empleo.
  • Aceptar el reto de compartir tu vida con otra persona para formar una familia.
  • Montar en bici porque puede que te atropelle un… despistado.
  • Decir no por temor a perder “un amigo”.
  • Actuar tal y como quieren los demás por temor al qué dirán o al rechazo.

Pero ¿por qué no debes tener miedo? Échale un vistazo a este vídeo, espero que te guste y que te haga reflexionar:

Saludos y se feliz.

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¡¡Muchas gracias querida experiencia!!

¡¡Bienvenida o Bienvenido a mi Blog!!

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Pues ya ha pasado un mes desde que me incorporé a mi nuevo empleo y que quieres que te diga, la sensación es de como si nunca hubiese estado desempleado.

Durante la primera semana pensé que esa sensación se debía, aunque un poco también, a mi enorme actividad durante el largo periodo que he estado desempleado (más de dos años), sin embargo y ya pasado este primer mes, puedo afirmar que se debe a mi experiencia vital como profesional y sobre todo, como persona.

Lo que ocurre con la discriminación que sufrimos los mayores de 45 años, aunque parece que la edad está bajando, me recuerda mucho a lo que ocurre con el sector oleícola, en el que unos cuantos, por su propio interés y sin preocuparles la calidad del producto obtenido ni el futuro del sector, manipulan los mercados para su mayor beneficio.

Nos pretender hacer creer que los 45+ no nos adaptamos a los nuevos tiempos, que nuestro aprendizaje es muy lento, que somos muy caros… y no sé cuántas incongruencias más, de hecho, apuesto a que lo que dicen no se lo creen ni ell@s, ya que la mayoría de l@s que deciden son incluso mayores.

El caso es que solo tienen un objetivo: grandes profesionales asustad@s dispuest@s a aceptar, por una gran necesidad, las condiciones que ell@s imponen para su mayor beneficio y lo triste, es que les funciona muy bien.

Pero hay algo que no tienen en cuenta y que la experiencia nos enseña, claro está, a quien lo quiera aprender:

“Todo aquello que alguien maquina fuera del equilibrio natural de las cosas, se vuelve en su contra” 

No sé si me he explicado ¡qué no lo has entendido! No pasa nada, ahora me explico mejor.

Pues que aquellas empresas que sean capaces de encontrar el equilibrio entre experiencia, juventud y condiciones salariales justas, tendrán el futuro asegurado y aquellas que, mayormente por avaricia, discriminen a veteran@s o jóvenes pretendiéndose aprovechar de la situación para explotar económicamente a sus empleados, lo van a pagar, es una cuestión de… llamémoslo: “justicia impartida desde el equilibrio natural de las cosas”.

Por qué le estoy tan agradecido a mi experiencia:

  1. Porque desde la calma que me da, me permite adaptarme a cualquier circunstancia.
  2. Porque desde la calma que me da. me ha enseñado a ser resolutivo sin pérdidas de tiempo innecesarias.
  3. Porque desde la calma que me da, me permite gestionar mi posible impaciencia para mi buena salud mental.
  4. Porque desde la calma que me da, puedo gestionar de manera más eficiente mis emociones.
  5. Porque desde la calma que me da, puedo hacer tantas cosas como me proponga, sabiendo que bajo mi control solo está mi voluntad por conseguirlo, no el tiempo que necesite en el empeño.
  6. Porque desde la calma que me da, comprendo que con calma se avanza mucho más rápido.

Y tu ¿qué tienes que agradecerle a tu experiencia?

Saludos, se feliz y sigue acumulando experiencia, pero con calma.

¿Con que estás comprometido?

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Compromiso:

  • Obligación contraída por una persona que se compromete o es comprometida a algo. 
  • Acuerdo formal al que llegan dos o más partes tras hacer ciertas concesiones cada una de ellas.

Llevo unas semanas hablando más que nunca sobre el valor del compromiso, y estas conversaciones vienen surgiendo por la necesidad de fidelidad que alguien reclama para poder ofrecer a un tercero como valor añadido de su proyecto.

El caso es que en esto del compromiso, como en cualquier otro valor, intervienen y muy intensamente: nuestros intereses, principios y por supuesto, nuestras emociones.

Pero, desde mi modesta opinión, tenemos un grave problema, porque no veo una sociedad precisamente cargada de valores, principios y equilibrio emocional suficiente para darle valor al compromiso, porque, eso sí, de intereses particulares vamos sobrados, por lo tanto:

¿Cómo comprometerse con alguien cuando la vida te ha ido enseñando que a la hora de la verdad los compromisos se rompen sin ningún problema, consideración y propuesta de alternativa?

Pues sí, el compromiso hoy en día tiene el mismo valor que nada y el motivo no es ni más ni menos que las mentiras continuas que venimos sufriendo, provocadas por las situaciones de supervivencia a las que nos vemos obligados para atender nuestros intereses.

A ver si me explico con un ejemplo:

Durante años y en cada una de las empresas que he trabajado, me han pedido un alto nivel de compromiso con sus objetivos, principios y valores, lo cual acepte orgulloso, pero, sin embargo, en cuanto les toco a ellos valorar ese nivel de compromiso concedido por mi parte no lo tuvieron en cuenta, entonces:

¿Cómo debo actuar en el futuro con aquellas empresas que me lo vuelvan a pedir?

Uno de los grandes problemas que nos plantea ser comprometidos, es la sensación de gilipollas que nos queda cuando, tristemente con mucha frecuencia, la otra parte nos deja en la estacada; problema que se resuelve con el paso de los años porque sueles ser más selectiv@ y prudente con esos compromisos… y ahora que caigo, y sería un gran error por parte de las empresas:

¿Puede que este sea uno de los motivos por el que los +45 sufrimos discriminación laboral?

Lo dejo ahí para tu reflexión.

Pero hay algo que me preocupa mucho más que el que me engañen o que se me quede esa sensación de gilipollas por la falta de compromiso de la otra parte, y es que esos palos me hagan dejar de ser comprometido conmigo mismo en:

  • Cuidar mi salud física y mental.
  • Ser un compañero fiel.
  • Educar con el ejemplo.
  • Cumplir con mis obligaciones y responsabilidades.
  • Respetar a las personas y al medio ambiente.
  • No tolerar los abusos y ayudar hasta donde pueda o se dejen.

A ver si me explico: mi compromiso no es aquello que yo prometo hacer en el futuro para la tranquilidad de la otra parte, mi compromiso es aquello que yo voy a hacer cada día por mi salud mental y que, como beneficio colateral, traerá el beneficio de las otras partes.

Por lo tanto, que nadie se preocupe, mi edad (50) y claro está, la experiencia adquirida con ella, me ha permitido aprender que mi compromiso no es para nadie, salvo para mí y que esa manera de actuar, aparentemente egoísta, también va a traer beneficios para los demás, porque mi compromiso es ser cada día un poquito mejor en todo lo que hago, sin olvidar que de nada servirá si nadie se beneficia de mis esfuerzos, que en mi caso es, principalmente, mi familia ¿lo pillas?

Saludos, se feliz y comprométete, pero primero contigo.

La vida no está diseñada para la diversión, pero…

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¿Qué sentido tiene la vida y para qué tanto sufrimiento? Estoy seguro que muchas personas se preguntan esto y quizás con una frecuencia que no le conviene a su salud mental, y que puede ser motivo de abandono físico, moral y emocional.

Todos deberíamos tener nuestro rincón de pensar y por supuesto, hacer un hueco en cada día de nuestra vida para disfrutar de una buena reflexión.

Yo suelo aprovechar muchos momentos para reflexionar: cuando conduzco y observo el comportamiento de los demás conductores, cuando veo una peli, cuando leo, cuando comparto con los demás… en fin, lo hago continuamente y en cualquier situación que la vida me plantea con el objetivo se asimilar las lecciones que me intenta ofrecer.

Pero si hay una ocasión en el que de verdad encuentro ese momento zen en el que “consigo ordenar y equilibrar” mentalmente todo lo en ese instante necesito, para que los imprevistos que seguro voy a tener que gestionar en el futuro no me supongan una barrera y si un divertido reto que superar, es cuando entreno en mi bici.

Recuerdo que cuando empecé a entrenar en bici para mantener un aceptable estado físico (nunca imaginé que podía proporcionarme un beneficio emocional aún mayor) me preguntaba:

  • ¿Por qué someto a mis músculos y sistema cardiopulmonar a este “sufrimiento”?
  • ¿Por qué he hecho de él un divertido reto que superar y del que no puedo pasar por la sensación de bienestar que me aporta? 
  • ¿Por qué me incita a exigirme y superarme cada vez más?
  • ¿Qué relación tiene esto con mis instintos primarios?
  • ¿Qué aplicación práctica tiene esta experiencia para el resto de actividades de mi vida?

Y no tarde mucho en entender que las preguntas y el orden en el que me las hacía, no era el correcto, siendo más a menos este:

  • ¿Son mis instintos primarios los culpables de que necesite esta actividad física?
  • ¿Por qué me resulta placentero este sufrimiento y sobre todo, por qué necesito superarme?
  • ¿Qué aplicación práctica tiene esta experiencia para el resto de actividades de mi vida?

No voy a entrar en detalles sobre las dos primeras preguntas, para centrarme en la tercera y no extenderme mucho, ya que a fin de cuentas es la que más nos pueda interesar, porque es una realidad que la vida y sobre todo el estilo de vida que nos hemos creado, puede ser cualquier cosa menos divertido y no me refiero al hecho de que ocasionalmente puedas hacer un viaje, o comprarte un coche, o montar en bici… o lo que sea que hagas para divertirte y buscar así esos momentos de desconexión de tus realidades.

Me refiero a saber encontrar la diversión en la superación de esas continuas realidades o responsabilidades, llámalo como quieras, por mucho que el esfuerzo requerido duela física y emocionalmente, por el nivel de exigencia al que debemos someter a nuestras capacidades y estado de alerta, como por ejemplo:

  • En la compresión de tus emociones.
  • En tus relaciones de pareja.
  • En las relaciones con tus hij@s.
  • En las relaciones con los demás.
  • Con el despertador en cada jornada laboral.
  • En las relaciones con tus compañer@s.
  •  …

Con el paso del tiempo he aprendido que vivir, tal cual, es un fantástico juego en el que divertirse encajando las piezas debe ser el principal objetivo y que para jugar bien, como en cualquier juego, hay que comprender y aceptar, en todo lo posible, sus reglas, las cuales, no paran de cambiar haciendo que todo sea aún mucho más interesante y divertido.

¿Coges la idea?

Pues lo dicho, sal, juega y diviértete, pero aceptando que unas veces ganarás y otras perderás, debiendo aprender siempre de cada caso para mejorar tu técnica y conocimiento del juego, porque en el juego de la vida no hay tiempos muertos, ni descansos, salvo que consigas desconectarte de tus emociones totalmente y para eso, hay que hacer cosas que no te recomiendo.

Saludos y se feliz.