Aunque ilusionarme “me castiga”, pienso seguir haciéndolo hasta el final

¡¡Hola, bienvenida o bienvenido a mi blog!!

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Ayer por la tarde había quedado con unos amigos para dar una vuelta en bici y momentos antes de partir hacia el punto de reunión, recibo el WhatsApp de un joven “biciamigo” preguntándome si “la grupeta” habíamos quedado para salir, le respondo que sí y decidió sumarse al grupo para pasar una calurosa tarde pedaleando y hablando de nuestras cosas.

Durante la “charlapedaleo” tocamos, entre otros, un tema que tiene mucho que ver, aunque creo que él no era muy consciente, con la resiliencia, ya que el reconocía que con el paso de los años había cosas que le ocurrían que no le gustaban pero que a diferencia de otras épocas, no le hacían tanto daño y hasta por momentos, sentía la necesidad de no callarse y de decir lo que piensa.

En ese sentido y afortunadamente para él, tiene un empleo en el que (a nivel de estabilidad laboral y teniendo en cuenta que es un chaval estupendo capaz de crear el mejor ambiente) decir lo que piensa,  no es ni bueno ni malo, ya que en su trabajo no es relevante caer bien o mal y sí que saques tu tarea cada día, aunque puede, eso sí, que quizás si eres ambicioso corres el riesgo de perder algún ascenso o beneficio, aunque si me pidiese consejo para este caso, le invitaría a que valorase bien si lo que va a ganar le compensa con lo que va a perder.

El caso es que si por algo me caracterizo es por decir lo que pienso y al igual que mi joven biciamigo, no tengo otra intención, allá por donde voy, que de intentar crear el mejor ambiente posible pero por propia experiencia y más hoy en día, te diré que eso es totalmente contraproducente para tu estabilidad laboral y si no tienes bien trabajada tu resiliencia, también para tu estabilidad emocional, sobre todo, según con quien des y donde trabajes; así es que si optas por ese camino, el de ser tú mismo/a, valora muy bien si te merece la pena cambiar lo que vas perder con lo puedes ganar.

No tengo ni idea de que me deparará el futuro pero he aprendido que para vivir, que no sobrevivir, es mejor ilusionarse con cada proyecto que inicie, eso sí, siendo realista y aceptando “los palos” continuos que esa ilusión me van a traer, porque sin esta actitud nunca llegaré hasta el final.

Ahora estoy embarcado en un proyecto profesional que se alimenta de pura ilusión, la cual, surgió en el peor momento “emociolaboral” de mí vida y gracias a ello, me permitió mirar al futuro con esperanza y sentido común; así es que sí, me seguiré ilusionando por mucho que esa ilusión me quiera castigar.

Y con esta breve exposición me gustaría plantearte una cosa ¿no crees que la ilusión es la gasolina del coraje, la superación y la felicidad?

¡Saludos y se muy feliz!

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